
Despuès de mucho meditar mi novio y yo decidimos irnos a Salinas en Ecuador. Un lugar que no estaba ni remotamente en nuestra lista de posibles lugares para visitar. La verdad es que no nos decidìamos por ningùn lugar hasta que llegò a mis manos una publicidad sobre Salinas, busquè informaciòn en internet y finalmente nos embarcamos en un vuelo con destino a Guayaquil. Llegamos como a las dos de la tarde porque el vuelo llegò un poco demorado. Inmediatamente nos fuimos a un hotel para pasar la noche ya que partirìamos a Salinas al dìa siguiente. Como solo tenìamos un dìa para visitar Guayaquil no perdimos la oportunidad de pasear por el malecòn 2000, lo recorrimos de punta a punta con la intenciòn de encontrar al Morgan, un barco parrandero que te lleva de paseo durante dos horas por el rìo. Lamentablemente nos tuvimos que conformar con tomarle un par de fotos a la distancia porque su ùltimo paseo ya habìa terminado, para otra vez serà nos dijimos consolàndonos mutuamente. Un poco desilusionados comimos por ahi, miràbamos curiosos a la gente pasar, son pausados, tranquilos, por momentos me parecìa un pueblo pequeño donde el tiempo pasa lentamente, reìamos, conversàbamos, y cuando faltaban como unas cinco cuadras para llegar al hotel pasamos , sin saberlo, por una calle donde estaban los travestis ofertàndose al mejor postor, uno de ellos que era realmente muy bonita y que podìa claramente pasar como una mujer, estaba gritando como una loquita en plena calle, a mì me llamò la atenciòn su esbelta figura y su mirada que parecìa triste aunque ella o èl, ya no lo sè, riera y sonriera como si fuera feliz pero con una sonrisa que no le salìa del alma, todo lo contrario, era una sonrisa de los dientes para afuera.
Al dìa siguiente preparamos las maletas muy temprano porque nos llevarìan a Salinas por la mañana. El dìa era càlido y aunque no habìa salido el sol la sensaciòn tèrmica que envolvìa la ciudad alegraba los espìritus. Cuando llegamos a Salinas estaba màs nublado que en Guayaquil, sin embargo, no iba a dejar que unas cuantas nubes arruinaràn mis vacaciones, estàbamos juntos que era en realidad lo màs importante. Como no era temporada alta el hotel no estaba lleno, por lo tanto siempre se podìa encontrar un buen lugar en el restaurante, habìa suficiente espacio en la piscina y nunca tuvimos problemas para encontrar tumbonas desocupadas. Siento que este viaje fue totalmente revitalizador, una experiencia diferente que me permitiò intimidar con mi novio, me refiero a que pudimos conocernos màs profundamente, descubrirnos disfrutando de la playa, de la naturaleza, de nosotros mismos rodeados de un ambiente maravillosamente pacìfico, frente al mar inmenso, profundo, interminable, estàbamos màs unidos que ayer y ojalà que mañana. Por las noches salìamos a caminar por el malecòn para respirar aquel aroma delicioso a mar, en el trayecto nos encontràbamos con los pescadores que realizaban la pesca de orilla, con artesanos y artistas, uno de los cuales realizaba figuras con alambres de colores, mi novio y yo decìdimos llevarnos parte de su talento a casa, un corazòn con nuestros nombres grabados que por el momento adorna el cuarto de mi novio. Se notaba que el muchacho habìa vendido muy pocas de sus obras, no habìan muchos visitantes debido a que la temporada alta està por llegar en un par de meses, y me pareciò que con el dinero que le pagamos se fue a comer una hamburguesa, se padecen necesidades durante la temporada baja.
Salinas es un balneario que superò mis expectativas por su calidez, simplicidad y fascinante naturaleza, seguramente regresaremos pronto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario