lunes, 8 de septiembre de 2008

Oh Parìs


Estoy en Parìs, me decìa a mì misma como intentando convencerme de que no era un sueño lo que estaba viviendo. Efectivamente estaba en Parìs, subiendo al metro en el gare del est que me llevarìa al hotel que habìa reservado por internet. Estaba un poco cansada porque venìa de Luxemburgo, en realidad solo fueron tres horas de viaje, pero mi cansancio se debìa a que me habìa levantado muy temprano, y a pesar de que llevaba una semana en Europa no me habìa aùn acostumbrado al cambio de hora. Ya en el hotel me di un baño, y a pesar del cansancio salì de prisa porque mi emocìon era tan grande que no me hubiera permitido dormir algunas horas, no a las 11 de la mañana. Afuera brillaba un tenue sol de otoño, no hacìa ni frìo ni calor, màs bien un clima templadito, riquìsimo. Tomè nuevamente el metro que me llevarìa a la plaza de la Concordia, me morìa por conocerla, la plaza en sì misma cuenta un sin fin de historias, fue la plaza de la Revoluciòn, por lo tanto tenìa mucho que decirme, aunque ya no corrieran rìos de sangre ni cabezas cortadas. Me quedè un buen rato miràndola, imaginàndolo todo, aunque no habìa mucho que imaginar porque la guillotina no fue producto de mi imaginaciòn, existiò y estuvo allì, de eso no hay ninguna duda. Seguì caminando hasta llegar a la avenida que los franceses llaman la avenida màs hermosa del mundo, y creo que no se equivocan al afirmalo, los Campos Eliseos me sorprendiò gratamente con sus grandes almacenes, tiendas de lujo, jardines preciosos, respiraba belleza, glamour, alegrìa. Me di el lujo de tomarme un cafè con un dulce por el que paguè casi 45 dolares, no me arrepiento, estaba en Parìs, en la avenida màs hermosa del mundo, son licencias que me pude permirtir porque son experiencias que solo se viven una vez en la vida. Los campos Elìseos se prolongan hasta llegar al museo de Louvre donde se encuentra la famosa Gioconda, hay un montòn de flechas y señalizaciones que te llevan a ella, ya en el lugar sentì un gran alivio porque ya no tenìa màs señalizaciones que seguir, pero la Giconda no fue la obra que màs me imprecionò, fue la Venus de Milo, una escultura que representa a afrodita, me quedè atònita cuando la vì, quizà por la expresiòn reposada de su rostro, expresaba serenidad, tranquilidad. En el Louvre no estuve mucho tiempo como me hubiera gustado, pensè en regresar otro dìa pero no lo hice, es una materia pendiente y uno de los motivos para volver nuevamente a Parìs.


Al segundo dìa de mi estadìa empezaba a familiarizarme con el metro, no me resultaba muy fàcil porque no hablo francès, pero viajar en metro me resultaba còmodo y despuès de una que otra perdida lleguè a la torre Eiffel, dicen que es el monumento màs visitado del mundo, no tengo la certeza, pero lo que si puedo decir es que me daba mucho ilusiòn conocerla y mirar Paris desde las alturas and ¡I did it!, realmente espectacular como lo es Notre-Dame, cuya espectacularidad no solo radica en su estilo gotico o en su antiguedad, sino en que està rodeada por el Sena. Pasear por el Sena es sencillo, tomè uno de los muchos barcos que pasean a los turistas, durante el paseo pasè por debajo de algunos de los màs de treinta puentes que lo adornan.


Lo que sì me resultò un verdadero problema, y creo que es el ùnico que vale la pena mencionar, fue la cuestiòn de la comida, no entendìa las cartas, las interpretaba a mi modo, pues no hablo francès y los franceses se resisten al inglès, sin embargo, de hambre no me morì, sobrevivì a las barreras del idioma y mi estòmago tambièn. El ùltimo dìa que pasè en Parìs lo dediquè al palacio de Versalles, un palacio donde viviò su reina màs famosa, la tristemente celebre Marìa Antonieta, que a pesar de su tragico final, es un personaje històrico que cautiva mi atenciòn, quizà por ese motivo no quise dejar Parìs sin visitar su palacio màs famoso, un lugar lleno de jardines, fuentes, excentricamente bello como seguramente lo fue Marìa Antonieta, hay algo de ella en cada rincòn, se siente, no sè como explicarlo, hay que vivirlo para poder sentirlo, creo que ella ejercìa un gran magnetismo, es màs lo sigue ejerciendo aunque hayan pasado màs de doscientos años desde que fue ejecutada. Despuès de visitar Parìs comprendì porque los intelectuales y bohemios de todas partes del mundo se mudaban a la ciudad luz, quizà encontraban su musa inspiradora, cafès llenos de gente simpàtica, màs inspiraciòn, mas mundo.

No hay comentarios: